Tuesday, November 24, 2015

ENTREGA BLOG MOMENTO 3

El dilema ético abordado en la primera parte del curso es si es ético o no que la sociedad colombiana permita y reglamente la adopción por parte de parejas homosexuales, dilema que muchos consideran estar en los terrenos de la ética fundamental aunque puede también abordarse desde la bioética y la ética clínica.
Muchos dicen que no hay evidencia empírica que pruebe que padres gay sean menos adecuados para adoptar.  También se menciona que de hecho hay estudios que han demostrado que niños educados por una pareja de mujeres tienen mayor probabilidad de triunfar en el colegio, en arte y música y que lo único que no pueden hacer por los niños es darles pecho.  Argumentan que se enfrentan a dos grandes fuentes de prejuicios: ignorancia y las religiones. 
Los miembros de la comunidad LGBTI también abogan por su “derecho” de formar una familia, argumentando que eso no debería ser impedimento para ellos llevar una vida plena y no consideran que el hecho de que los niños sean proclives a orientarse sexualmente hacia miembros de su mismo género como un problema, pues ser homosexual, de acuerdo a sus proclamas, es un orgullo.  Finalmente aseguran que para los niños es mejor tener como padres una pareja del mismo género que no tener padres en absoluto.
Por otro lado están quienes argumentan que los estudios e investigaciones que citan los defensores de la adopción gay no cuentan con una muestra poblacional estadística suficiente, teniendo en cuenta que el fenómeno de la adopción gay es relativamente reciente.  Manifiestan que sin embargo sí están comprobados los estudios de Sigmund Freud y Carl Gustav quienes propusieron los complejos de Edipo y Electra, respectivamente.  Estos complejos señalan que los niños y niñas a muy temprana edad entran en una etapa de enamoramiento de su padre (para el caso de los varones) o madre (para el caso de las niñas) durante el cual imitan a su “rival” por la atención del progenitor objeto de sus afectos, orientando así la identidad sexual del menor.
¿Es entonces ético o no permitir la adopción gay en Colombia?
Para poder encontrar la respuesta a este interrogante, desde el punto de vista de la ética, tenemos que considerar si tal medida es conveniente y tiene como finalidad última el bienestar de los afectados.  Es aquí donde cabe señalar que los principales afectados por esta medida son los niños que serían adoptados por parejas homosexuales, no las parejas como tal.
Se debe en primer lugar reconocer que tal y como lo establece la ley, priman las necesidades del niño por encima de las de la pareja adoptiva.  De otra manera, aquellos encargados de aprobar o no la adopción de un menor no prestarían mayor atención a la idoneidad de la pareja solicitante sin mirar más allá del sexo de los posibles padres.
Muchos psicólogos afirman que no existe un perfil general de parejas homosexuales, de manera que hacer generalizaciones de acuerdo a estudios o investigaciones demasiado recientes para poder atacar el problema desde todos sus flancos, no es correcto.
También aseguran que el crecimiento y desarrollo de un menor en un hogar de padres homosexuales presenta un alto riesgo de que se manifiesten trastornos emocionales graves pues pueden originarse profundas confusiones en la psique del niño, en cuanto a cuál es su papel en la sociedad y por qué su familia no es cómo la de los demás, eso sin mencionar la carencia de las características biológicas y psicológicas propias de cada género en el momento de ejercer la paternidad o maternidad.
Para aprobar la adopción gay, debemos como sociedad estar de acuerdo en que los derechos del niño serán respetados más allá de  la educación,  la salud, el buen trato o  el no ser discriminados.  Debemos garantizarles también a los menores que cuando dependa de nosotros, sus padres podrán darles la orientación, el consejo y la educación necesaria para crecer como miembros sobresalientes de nuestra sociedad porque más allá de que sean sus derechos, son sus necesidades y solo pueden ser satisfechas por el balance natural que la evolución dictaminó al hacer al hombre y a la mujer diferentes y capaces de hacer distintivos aportes a la hora de educar a un hombre o mujer y perfilar su personalidad.  El niño tiene necesidad y derecho a todo lo que un hombre biológica y psicológicamente le puede ofrecer como padre al igual que a todo lo que una mujer de la misma manera puede brindarle como madre.
Se puede concluir finalmente que si bien está en el mejor interés de los niños contar con un hogar en el que encuentren comida, educación, y salud, no es ético obligar a los niños a que crezcan en un ambiente carente de los necesarios e importantes aportes psicológicos y biológicos que un padre y una madre hacen en el momento de educar un hijo o una hija.  Un niño no se educa igual que una niña, de la misma manera, un padre no educa igual que una madre y a la hora de formar personas emocionalmente sanas, ambos son necesarios.


Tuesday, October 27, 2015

Reflexión sobre la Unidad I Momento 1

Los conceptos de ética y moral son frecuentemente tomados por lo mismo y a veces usados uno en vez del otro sin embargo son diferentes, de hecho la ética tiene como objeto el estudio de la moral y los códigos morales.

La palabra ética proviene del griego êthos que significa carácter.  La mayoría de filósofos están de acuerdo en que el fin último del hombre es obtener el estado de felicidad, sin embargo muchos piensan que la manera de lograrla no es individualmente sino en cooperación con los demás, haciendo aliados y construyendo puentes interpersonales, de manera que deben existir una serie de normas de comportamiento que beneficien a todos los miembros de una cultura por encima de los intereses egoístas de un individuo en particular.  Por lo tanto, idealmente los miembros de este grupo deben seguir estas normas que les permitan evolucionar en armonía desarrollando virtudes como la honestidad, el respeto, la bondad, la solidaridad, prudencia, etc.  

Las personas que desarrollan su carácter en torno a las virtudes tienden a tomar decisiones que benefician no sólo al individuo sino a los miembros del medio en el que vive, mientras que el que tiende a tomar decisiones poco virtuosas, centrándose en vicios, terminará afectando no sólo su propia existencia sino la de los que le rodean.  Estas normas o reglas que rigen una cultura o una sociedad son denominadas “moral”, mientras que el estudio y reflexión sobre estos comportamientos es la “ética” e indica lo que está justificado o es válido.

Las personas hacemos lo que es ético porque nuestra sociedad o cultura nos dice que es lo correcto, sin embargo hacemos lo que es moral porque creemos que es lo correcto.

Un individuo puede seguir un código ético determinado y aun así no tener sentido moral en absoluto, de la misma manera una persona podría violar principios éticos dentro de un sistema dado si cree que es lo moralmente correcto.


Es muy común hoy en día pensar que la moral es en esencia subjetiva, sin embargo pensadores como Adela Cortina estarían en desacuerdo dado que hay principios que aparentan ser superiores independientemente del medio en el que una cultura se desarrolle, por ejemplo el respeto a la vida, la aversión a la tortura, la solidaridad con el necesitado, entre otros.


El poster de padlet con el dilema ético elegido se pueden encontrar en esta dirección:

http://es.padlet.com/wall/vxm8v326a2b4


El sentido de la ética y su incidencia en el comportamiento humano, en las profesiones y en la sociedad contemporánea.

La ética es aquella que contesta aquellos interrogantes que se presentan en la vida de los individuos cuando éstos quieren saber qué normas morales son necesarias y deben ser seguidas.    Actualmente la ética es para muchos un asunto subjetivo, dependiente de las normas morales de la cultura o sociedad que se estudia, sin embargo para otros pensadores es más bien un tema objetivo pues hay reglas a seguir que son obvias indistintamente de a quiénes se aplica,  es por eso que conductas como la tortura son reprobables.
Los seres humanos nos hemos desarrollado como “sociedad”, es decir que no buscamos la soledad sino la colaboración y compañía de nuestros semejantes.  En ese mismo orden de ideas, buscamos que haya armonía en nuestro entorno y queremos que esta no se rompa, para ello hemos designado derechos y deberes que se aplican a todos y cada uno de nosotros y que nos dicen, independientemente de lo que como individuo crea, qué es lo aceptable o no en nuestro entorno.  En otras palabras hacemos lo que la sociedad dice que es correcto porque es ético, es lo que se espera de nosotros, sin embargo el hecho que algo sea ético no significa que sea lo correcto. 

Durante el tercer Reich muchos denunciaron, enjuiciaron o ejecutaron a inocentes  porque creyeron que era su deber para con su nación, era lo ético por hacer.   Es por eso que la ética debe sostenerse sobre la moral y no detenerse solamente a decidir qué reglas morales son apropiadas y cuáles no.  Su reflexión necesita erigirse sobre principios inmutables como el respeto a la vida y al derecho de cada quien de buscar su felicidad y ser feliz. 

Como sociedad no deberíamos tomar nuestras decisiones basados en lo que los demás esperan de nosotros,  sino sobre lo que somos, en lo que creemos, lo que nos ha probado ser útil en el pasado, es decir sobre lo que hemos aprendido, pues es algo que hace parte de todos y son conceptos con los que todos nos podemos identificar.
De esta manera es más probable que haya menos conflictos en el momento de tomar decisiones en conjunto y podamos llegar al punto de como nación deliberar sobre temas que nos afectan a todos sin tener que imponer las ideas de unos pocos sobre la mayoría, o las de una mayoría equivocada sobre todos, sino realmente poseer como sociedad una voluntad común. 
Es importante que trabajemos en función de las dimensiones del bienestar consideradas por la teoría de las capacidades humanas de manera que todos contemos con una alta esperanza de vida y que dicha vida cuente con estándares dignos de manera que sea digna de ser vivida, como acceso a atención sanitaria permanente o a educación de calidad que nos garantice desarrollar el potencial del que individual y colectivamente somos capaces.   El tener esto en cuenta nos garantizaría llevar a nuestro país a esferas de desarrollo y bienestar que aún desconocemos, y reconocer que es así no por nuestra incapacidad para lograrlo sino por la actitud que cada individuo de nuestra sociedad toma ante la responsabilidad y el progreso y reconocer que el conseguir el bienestar común necesariamente conlleva al bienestar individual en ese orden.  Es por eso que contamos con largas y extenuantes horas de trabajo en las que no logramos lo que en menos tiempo trabajadores de otras latitudes consiguen.  Porque aunque sabemos que lo ético es dedicar el tiempo de trabajo a las actividades que se nos indican y por las cuales se nos paga, empleamos largas horas en menesteres ajenos al progreso de la empresa para la cual trabajamos. 
Pero llegar al bienestar común exige un compromiso de todos, pues si bien es cierto que como empleados logramos menos y “flexibilizamos” de muchas maneras la ética laboral, no es falso afirmar que también recibimos menos y no sólo hablando de factores económicos, pues la misma teoría de las capacidades humanas considera que la calidad de vida no depende directamente de los ingresos recibidos.  En el entorno laboral colombiano el respeto es un concepto casi ausente, los superiores se creen con derecho a tratar a sus subalternos de manera inaceptable por el hecho de saber que hay muchos con la capacidad y necesidad de tomar su lugar.   El gobierno y los grandes empresarios pretenden ignorar que la satisfacción personal que el empleado siente por la labor que realiza es el motor que hace que se comprometa con su trabajo y eleva su autoestima, y hace poco o nada por implementar las leyes de protección al trabajador, que como sabemos existen en la letra solamente.   De manera que el asalariado colombiano cuenta con poquísimos beneficios,  poco respeto por parte de los superiores, casi nulo reconocimiento de logros, un sistema inoperante ante sus necesidades y todo con el fin de aumentar las arcas de un porcentaje ínfimo de la población.  
Este comportamiento tradicional, por parte y parte, es un círculo vicioso que de no ser interrumpido y rectificado nos llevará a donde hemos estado siempre.