El dilema ético
abordado en la primera parte del curso es si es ético o no que la sociedad
colombiana permita y reglamente la adopción por parte de parejas homosexuales, dilema
que muchos consideran estar en los terrenos de la ética fundamental aunque puede también abordarse desde la bioética y la ética clínica.
Muchos dicen que no
hay evidencia empírica que pruebe que padres gay sean menos adecuados para
adoptar. También se menciona que de
hecho hay estudios que han demostrado que niños educados por una pareja de
mujeres tienen mayor probabilidad de triunfar en el colegio, en arte y música y
que lo único que no pueden hacer por los niños es darles pecho. Argumentan que se enfrentan a dos grandes fuentes
de prejuicios: ignorancia y las religiones.
Los miembros de la
comunidad LGBTI también abogan por su “derecho” de formar una familia,
argumentando que eso no debería ser impedimento para ellos llevar una vida
plena y no consideran que el hecho de que los niños sean proclives a orientarse
sexualmente hacia miembros de su mismo género como un problema, pues ser
homosexual, de acuerdo a sus proclamas, es un orgullo. Finalmente aseguran que para los niños es
mejor tener como padres una pareja del mismo género que no tener padres en
absoluto.
Por otro lado están
quienes argumentan que los estudios e investigaciones que citan los defensores
de la adopción gay no cuentan con una muestra poblacional estadística
suficiente, teniendo en cuenta que el fenómeno de la adopción gay es
relativamente reciente. Manifiestan que
sin embargo sí están comprobados los estudios de Sigmund Freud y Carl Gustav
quienes propusieron los complejos de Edipo y Electra, respectivamente. Estos complejos señalan que los niños y niñas
a muy temprana edad entran en una etapa de enamoramiento de su padre (para el
caso de los varones) o madre (para el caso de las niñas) durante el cual imitan
a su “rival” por la atención del progenitor objeto de sus afectos, orientando
así la identidad sexual del menor.
¿Es entonces ético o
no permitir la adopción gay en Colombia?
Para poder encontrar
la respuesta a este interrogante, desde el punto de vista de la ética, tenemos
que considerar si tal medida es conveniente y tiene como finalidad última el
bienestar de los afectados. Es aquí donde cabe señalar que los
principales afectados por esta medida son los niños que serían adoptados por
parejas homosexuales, no las parejas como tal.
Se debe en primer
lugar reconocer que tal y como lo establece la ley, priman las necesidades del niño por encima de las de la pareja adoptiva.
De otra manera, aquellos encargados de aprobar o no la adopción de un menor no
prestarían mayor atención a la idoneidad de la pareja solicitante sin mirar más
allá del sexo de los posibles padres.
Muchos psicólogos
afirman que no existe un perfil general de parejas homosexuales, de manera que
hacer generalizaciones de acuerdo a estudios o investigaciones demasiado
recientes para poder atacar el problema desde todos sus flancos, no es
correcto.
También aseguran que
el crecimiento y desarrollo de un menor en un hogar de padres homosexuales
presenta un alto riesgo de que se manifiesten trastornos emocionales graves
pues pueden originarse profundas confusiones en la psique del niño, en cuanto a
cuál es su papel en la sociedad y por qué su familia no es cómo la de los demás,
eso sin mencionar la carencia de las características biológicas y psicológicas
propias de cada género en el momento de ejercer la paternidad o maternidad.
Para aprobar la adopción gay, debemos como sociedad estar de
acuerdo en que los derechos del niño serán respetados más allá de la
educación, la salud, el buen trato o el no ser discriminados.
Debemos garantizarles también a los menores que cuando dependa de nosotros, sus
padres podrán darles la orientación, el consejo y la educación necesaria para
crecer como miembros sobresalientes de nuestra sociedad porque más allá de que
sean sus derechos, son sus necesidades y solo pueden ser satisfechas por el
balance natural que la evolución dictaminó al hacer al hombre y a la mujer
diferentes y capaces de hacer distintivos aportes a la hora de educar a un
hombre o mujer y perfilar su personalidad. El niño tiene necesidad y
derecho a todo lo que un hombre biológica y psicológicamente le puede ofrecer como
padre al igual que a todo lo que una mujer de la misma manera puede brindarle
como madre.
Se puede concluir finalmente que si bien está en el mejor
interés de los niños contar con un hogar en el que encuentren comida,
educación, y salud, no es ético obligar a los niños a que crezcan en un
ambiente carente de los necesarios e importantes aportes psicológicos y
biológicos que un padre y una madre hacen en el momento de educar un hijo o una
hija. Un niño no se educa igual que una
niña, de la misma manera, un padre no educa igual que una madre y a la hora de formar
personas emocionalmente sanas, ambos son necesarios.